Iniciación a la meditación dinámica
Cada domingo a las 19h, no un minuto antes ni uno después, un grupo de amigas mías se reúne en el piso de S., una especialista en meditación que vivía en la India y que todas admiran. Un día, yo también me senté por el suelo, encima de las mantas de color, respiré el olor a incienso, escuché el silencio y empecé a meditar…

Me habían dicho que si podía llevar alguna prenda de color blanco sería mejor porque es puro. “¿Y lo azul, puedo? Claro, es símbolo de paz, esta bien”, me dice mi amiga. “¿Y el marrón? También, todo lo que es de color tierra. Lo que no es recomendable es ir de negro porque no deja fluir las energías.” Entonces, llegué vestida de blanco de pie a cabeza, parecía a una prometida sin Príncipe… La misma amiga me advirtió de que es mejor no comer por lo menos tres horas antes, porque la meditación puede causar molestias en el estomago. De hecho, me entró un hambre fenomenal después de la sesión, tenía ganas de comer guarradas.
El día que fui, S. anunció que según el calendario maya, estábamos entrando en la novena luna del águila, el animal que simboliza la percepción, la visión, el ojo grande. Y pegaron fichas de colores en la pared, intercambiaron algunas y pusieron nuevas con formas negras dibujadas. No entendía nada pero escuchaba, me dejaba seducir por las ondas de la meditación y ya me estaba relajando, olvidando todo lo que estaba detrás de las paredes. Estábamos sentadas todas por el suelo, en un cuarto invadido por el olor a incienso, y no había ningún ruido. Y de repente, se oyó ruidos muy raros, habíamos empezado la meditación dinámica.
Ojos cerrados, sentada, empecé a respirar con mi abdomen, “no con el pecho”, repite S. con una voz que parecía haber salido de las profundidades de un templo. Me concentraba en mi respiración hasta que S. nos dijo que empezáramos el primer ejercicio de respiración, que consiste en inspirar por la nariz, boca cerrada, con fuerza. Durante casi diez minutos, los ruidos de nuestras narices resonaban en ritmo y a veces, se oía también a alguien llorar. Pues sí, se ve que la meditación a veces revuelve energías internas y que puede provocar el despertar de otras vías de expresión, como el llanto o la risa. A mi no me pasó nada, pero al salir me sentí como después de practicar deporte, en un estado de levedad.
Meditación de Osho
Otra vez pasamos a la respiración del abdomen y para acabar, en vez de inspirar, esta vez expiramos. Ya no se oían a narices constipadas sino a ruidos salvajes, salidos de nuestra garganta. Intenta expirar sin abrir la boca, ya verás como te hará pensar en gruñidos de hombres de caverna. Y el silencio volvió a ocupar el cuarto tenso. Hacemos unos estiramientos con los brazos y la cabeza, pronunciamos tres veces “aum” y en coro “Ooooooooooooh” y S. nos invitó a despertarnos a nuestro ritmo.
Nos reunimos en un círculo delante de unas cartas con la cara girada y cada uno cogió una, “con los ojos cerrados si os ayuda a quedar concentradas”, añadió S. Así hice, y me fui en silencio. No hicimos ninguna interpretación de esas cartas, pero ahora me interesa saber su simbología. Imaginamos que hubiera un fuego en centro del círculo que formamos y tiramos la carta adentro. Y S. nos sirvió esa bebida caliente con canela, especies y leche de soja, el Te Chai. “Eso de la meditación es como estar en consulta al psicólogo. Es una atmósfera muy intima”, me dice S.
Pues sí, es verdad que fue una hora durante la cual me preocupé de lo que sentía, me fijaba en las zonas de mi cuerpo adonde se me despertaban dolores y salí de la sesión con una paz interior increíble. Mis amigas habían sentido otras cosas, ya que la meditación te permite centrarte en ti mismo, meditar sobre un aspecto de tu vida o de tu personalidad y sacar las malas energías que invaden tu estar cotidiano. Te invito a probar esta experiencia, ya que la meditación se está poniendo de moda, no te costará encontrar un grupo o un centro budista o hindú por ejemplo. No sé si volverá el próximo domingo… ¡Pero tengo amigas que lo hacen cada día!
Otro remedio para escapar de la locura de tu vida cotidiana, es organizar una estancia en un sitio encantador, mágico y lleno de buenas vibraciones. La capital francesa puede ser una buena apuesta y si alquilas Apartamentos en Paris, económicos y confortables, la relajación será redonda.







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